DECRETALO, LA INTENCIÓN (NO) LO ES TODO!

Con frecuencia vemos en redes sociales que una persona pide ayuda para algún asunto puntual, como encontrar un nuevo trabajo, una pareja adecuada o solucionar un problema particular, con la misma frecuencia aparece alguien diciéndole “decrétalo”, una muletilla New Age que se repite ad nauseam, pero que sus partidarios simplemente son incapaces de entender, de ahí que sus resultados sean magros por lo menos, y que peor aún, equiparan a la magia con esta estupidez.

Un decreto es una afirmación con tono imperativo, clásicamente hallamos los decretos en términos legales; según la RAE es “Decisión de un gobernante o de una autoridad, o de un tribunal o juez, sobre la materia o negocio en que tengan competencia”.

La sola definición de la palabra nos da información importante, un decreto debe provenir de la autoridad, yo, como simple ciudadano de un país que no ha sido investido de ninguna autoridad soy por entero incapaz de decretar nada para el país, mi autoridad sólo alcanza a mis propias decisiones pero no me es posible hacerlo sobre nada que concierna a otros. Un decreto tiene como requisito indispensable tener autoridad sobre la materia a tratar.

Aquí también se debe entender también las limitaciones del poder de una autoridad, partamos en que la cultura occidental mantiene separación de poderes del estado, legislativo, judicial y ejecutivo, en que los tres actúan independientemente y no deben ser interferidos unos por otros, habiendo normas constitucionales que regulan esta relación, por tanto hay decretos que incluso estando en un cargo de autoridad no lograrán su efecto por afectar ramas del estado que no están bajo su dominio. De esto ni mencionar que ni un decreto del presidente de la república ni de la corte suprema pueden evitar las leyes naturales, aunque ambos poderes se unieran para decretar que “ningún ciudadano volverá a morir” cambiará en absoluto el hecho de que las personas mueren a diario sujetas a las leyes naturales, las autoridades mundanas no tienen poder sobre la naturaleza misma.

Con esto en mente, queda claro que la respuesta cliché de los novatos de “decrétalo” es algo bastante inutil, las condiciones no cambiarán solo porque alguien, desde su ínfima posición de poder ante el universo ordene algo, ante esto suelen responder cosas con “somos hijos de dios”, cuando son cristianos y buscan que el poder del padre sea el del hijo, aunque claro, no es que eso se refleje en que les permitan a sus hijos pequeños decidir como si ya fueran adultos, asumen algo que en la vida cotidiana rechazarían de plano, inconsistencia que anula todo resultado. Otros alegan “somos dioses viviendo una experiencia material”, suena muy poético, pero indica que no entienden lo que es un dios, sus vidas por lo demás no reflejan ser dioses, excepto claro que sean una encarnación de Cloacina, la diosa romana de las cloacas, lo que explicaría que estén llenos de mierda en sus vidas.

La autoridad, mundana o espiritual no es algo que se gane por accidente, debe haber un proceso para alcanzar la autoridad necesaria para “decretar”, incluso en el mundo político, donde puede hacerse profundos cuestionamientos de cómo alguien alcanzó un cargo de autoridad, conseguirlo no fue accidental ni un derecho de nacimiento, la persona debió conscientemente tomar la vía que le llevó a ese nivel de autoridad, es por tanto infantil creer que “porque soy yo” es un argumento válido para ordenarle al universo lo que debe hacer.

Paralelo y siempre asociado a esto queda la idea de que basta con tener una intención decidida con la cual decretar y bastará para conseguir lo deseado, esto en ausencia de un conocimiento sobre cómo operan las cosas. Si el día de mañana alguien decide que invertirá en la bolsa de valores, solo guiado con la intención de ganar dinero, por muy clara y firme que sea su intención no asegurará que tenga el conocimiento para poder obtener ganancias, puede que sea de común conocimiento que la regla para ganar en la bolsa es “comprar barato y vender caro”, pero si este es el único conocimiento que tiene, lo más seguro es que no logre las ganancias deseadas, para esto debería entender como funciona el mercado bursátil, los métodos de pronóstico y mantenerse en constante atención de todos los factores que afectan las acciones, como la política internacional, la política interna de los países que más influyen en la bolsa o hasta la salud estomacal del presidente de la Fed – que si tiene un cólico que le provoque una mueca mientras da una declaración puede mandar abajo los índices.

Así entonces, la intención no basta, el conocimiento debe estar a la par de los objetivos que se desea alcanzar y la disparidad entre ambos suele ser desastrosa.

Usualmente se ve personas pidiendo que les “manden energía” para mejorar de un problema de salud, como “la intención lo es todo”, asumen que energía dirigida a sanarles bastará para solucionar cualquier cosa, el tema es que si bien algunas enfermedades pueden sanarse así, porque se deben a que la persona está energéticamente desgastada y lo que hacen es recargar sus baterías, en muchos otros casos podría resultar para peor; si se trata de una enfermedad que implica microorganismos -virus, bacterias o parásitos-, así mismo si se trata de un cáncer o una enfermedad autoinmune, lo más seguro es que haya una mejora inicial pero posteriormente, en un periodo no tan largo la situación se agrave, esto sigue una lógica simple, una vez que la energía entra en el cuerpo de la persona se distribuirá naturalmente por todo esté, llenando todos los espacios posibles, lo que incluirá a los microorganismos o tejidos en conflicto, dándoles el power-up que les permitirá tomar una actitud más agresiva en su embestida contra el paciente, dicho de otro modo “mandar energía”, “mandar luz” o hacer reiki a un paciente con cáncer o una enfermedad causada por microorganismos no es de ayuda, al menos no para el paciente únicamente, sino también para la enfermedad, algo que debería evitar hacer a menos claro, que desee que el paciente muera. La intención no es suficiente, solo los idiotas creen eso.

Llegar a comprender lo anterior requiere ir más allá de solo la intención clara, requiere conocimiento y obtenerlo requiere dedicación al estudio, requiere también criterio y sentido común para discriminar la calidad de las fuentes de las cuales se estudia, todo lo cual requiere tiempo invertido y fuerza de voluntad, algo que nunca ha sido particularmente abundante en nuestra especie.

El advenimiento de las redes sociales ha hecho que muchas personas con poco conocimiento, poca habilidad y porqué no decirlo, poco intelecto, hayan llegado al mundo de la magia o del trabajo con energías, ejecutando acciones que se pasean entre el páramo de los ridículo para muchas veces luego caer en el valle de la estupidez, creyendo que con su intención basta para modificar cosas complejas mediante un “decreto”, estas personas, usualmente no obtienen resultados más allá del sesgo de confirmación, si es que lo obtienen, pero también suelen ignorar los efectos secundarios dañinos detrás de las veces que obtienen resultados, al menos hasta que ya son demasiado evidentes, como alguna mujer que decretó hallar a “un hombre que la amara mucho y al cual amar” que terminó en una relación destructiva con un celópata y ella dependiente de él hasta el punto de soportar que la golpeara con tal de no verse sola; el decreto funcionó, pero su vida hubiera sido mejor si hubiera fallado.

No cualquiera puede decretar y usualmente quienes usan la muletilla del decreto han sido tan negligentes con su desarrollo espiritual que difícilmente podrán decretar algo que el universo se digne en oír, así mismo, no basta con la intención, se requiere conocimiento profundo, ese que no se obtiene por ver videos de tiktok sino a través de estudio de años emparejado con prácticas regulares, diarias, si está por debajo de eso, solo estará perdiendo su tiempo y haciendo el ridículo al mismo tiempo. La magia no es un tema para personas con mentalidad infantil que creen que agitando una varita lograrán algo, tampoco para tontos que creen en cualquiera que dice canalizar a un gran maestro o ser espiritual o los que creen que repetir hasta el hastío un número les dará algo mágicamente.

La magia y el trabajo de energías no es para insulsos novatos que creen que después de tomar un curso ya están en condiciones de decirle al universo como hacer mejor el trabajo que realiza desde 13000 millones de años atrás a la fecha, se requiere un mínimo de respeto hacia el todo y eso pasa por comprender que no existe una vía rápida hacia la magia y el poder, si no tiene la disposición de dedicar un par de décadas al aprendizaje, mejor deje el asunto hasta aquí, ya que perderá su tiempo y estorbará a los demás, junto con ser objeto de burla, pero además se arriesga a consecuencias de las que posiblemente se lamentará por largo tiempo, asumiendo claro que sobreviva al error.

Autor:
Andrés Villavicencio
Practicante de Magia
senderodelamagia.blogspot.com