LA COMPASIÓN DE MATAR A UN RUISEÑOR

No se preocupe, no lo incitaré a matar aves, sino sólo haré referencia a la novela de Harper Lee llamada “Matar a un ruiseñor”, esta fue publicada en 1960 y sólo dos años después era adaptada al cine con la actuación de Gregory Peck como Atticus Finch, el personaje más entrañable de la obra, algo no menos difícil porque toda la obra está llena de personajes excelentes, cada personaje y arco tiene un motivo, nada es desperdicio, la autora respeta a su lector al omitir arcos triviales y al trabajar a cada uno de sus personajes en profundidad incluso si su presencia en la obra es breve, dicho de otro modo, si desea leer la obra no hay desperdicio, siendo además buena si quiere compartirla con sus hijos pequeños.

Para fin de las referencias, usaré la película de 1962 como punto focal, que aunque omite algunas tramas, conserva las principales. Atticus, el padre de Jem y Scout, en la obra es un emblema de la búsqueda de la justicia, incluso siendo un personaje ficticio ha sido tan relevante en la visión y motivación de muchas personas a estudiar derecho, al punto que en 1997 se hizo una estatua del personaje en Alabama, Estados Unidos.

Y si bien su integridad como abogado es un elemento destacable, hay otro que es muy importante, quizás el fundamento de esa integridad, su compasión. La compasión es algo de lo que siempre se habla en círculos ocultistas, más que nada por la influencia de las religiones orientales que de las occidentales, que aunque esbozan elementos similares, suelen olvidar en función de la influencia política.

Al comienzo de la película, vemos como un antiguo cliente de Atticus le lleva nueces, en pago por su deuda, Scout, la hija de Atticus llama a su padre, pese a que el hombre le dice que no es necesario, el abogado recibe el paquete y luego de que el hombre se va le explica a su hija que en el futuro es mejor que no lo llame cuando venga, es pobre, no tiene dinero para pagar un servicio legal que hizo por él -todo esto inmerso en las secuelas de la crisis económica de 1929, ya que la novela se sitúa en 1932- y sólo puede pagarle con productos, algo que le hiere en su orgullo. Así entonces, lo primero que sabemos de Atticus es que le enseña a su hija a cuidar de la dignidad de las personas, un elemento fundamental de la compasión, no hacer que aquella persona que hemos ayudado se sienta inferior, idealmente que no se sepa a quien ha ayudado.

¿Es capaz usted de respetar la dignidad de quien ha ayudado sin sacarlo en cara? ¿Evitando las instancias en que se siente incómodo?

También, tiene palabras amables para la anciana gruñona y minusválida, la señora Dubose, la calma con amabilidad, comprendiendo sus condiciones particulares, es una mujer anciana, que nació cuando la esclavitud era legal, que pasó por guerras, que ha visto el mundo cambiar y que en ese cambio perdió superioridad, eso sumado a que su edad le acarreó una dolorosas enfermedad hace que sienta rechazo por Scout, la hija de Atticus y protagonista de la novela, se junta con negros, viste como hombre, es algo que ella no tolera, Scout es la consolidación del cambio de los tiempos, tiempos que la dejaron atrás, pero, Atticus lo entiende, usa palabras amables, calma su sentimiento de enajenación de ser una naufraga en el tiempo que recuerda épocas que nunca volverán. No necesita estar de acuerdo con ella, pero sus palabras gentiles calman ese sentimiento de alienación, no pretende cambiarla, solo es compasivo con un dolor que se expresa en su actitud amarga ante otros.

¿Es capaz usted de sentir compasión por alguien que se siente fuera de lugar en el mundo? ¿Alguien que se expresa agriamente solo porque tiene miedo, como un niño perdido en la noche en un bosque?

Pero uno de los puntos más fuertes de la historia y de Atticus es cuando este acepta defender a Tom Robinson, un hombre negro acusado de abusar de una mujer blanca, Mayella Ewell, recuerde el contexto histórico, los 30’s, era impensable que un blanco defendiera a un negro contra otro blanco, tanto que el mismo juez del caso cuando se lo propone le entrega al mismo tiempo las excusas que podría dar para negarse, pero el acepta.

El día previo al juicio los pueblerinos tratan de linchar a Robinson, Atticus previendo la situación se interpone, pero los pueblerinos están decididos, él lo sabe, sabe que se arriesga, pero se mantiene ahí, no solo apegado a su sentido de justicia, sino también porque sabe que de no hacerlo el hombre sufrirá, compasión también es poner tu bienestar al servicio del bienestar de otro.

Sobre el resultado de este incidente y del juicio no diré nada porque merecen leer la historia o ver la película, pero la compasión también tiene una presencia fuerte, una compasión que no es aceptada por la sociedad, solo les diré que la escena final de ese arco es emocionante pese a ser silenciosa.

¿Defendería usted a alguien incluso a precio de su propio bienestar? ¿Sería capaz de arriesgarse por otro, con todo en contra?

A lo largo del libro se nos cuenta por etapas que uno de los vecinos, Boo Radley es un joven huraño, de carácter complicado, los niños especulan sobre que es deforme, un monstruo, pero a medida que avanza la historia algunas pequeñas interacciones les hacen pensar que no es malvado como creían al principio, hacia el final el señor Ewell, borracho trata de matar a los niños, pero son salvados por este misterioso personaje a costa de la vida de Ewell, aunque preocupado por sus hijos, Atticus comprende que Radley los salvó y acuerda con el comisario que apresarlo por salvar a unos niños de un hombre malvado sería un pecado, sería “matar a un ruiseñor”, dicho por Scout citando a su padre.

Atticus sabía quién era en verdad Boo Radley, su conducta extraña no bastaba para que el le temiera, él lo comprendía, dando también a entender que sabía de sus interacciones con sus hijos, nunca le temió, estaba libre del prejuicio que el resto de la comunidad tenía, esa libertad de prejuicios es también una forma de compasión, el no cargar a otros con nuestros temores, una compasión que se ve recompensada cuando el protege lo que más importa a Atticus.

¿Ha tratado de ver la verdad detrás de esas personas que todos rehuyen, no juzgando, sino buscando entender?

Lo que me importa de esta historia es que comprendan que la compasión valiente que muestra Atticus Finch a lo largo de toda la novela es un maravilloso ejemplo, tanto en los arcos que he descrito como en otros, un ejemplo no solo dentro de ésta para sus hijos sino en general, su compasión no es una proclama, no es una frase aprendida de memoria, es un concepto simple que él resume como “nunca comprendes verdaderamente a una persona hasta que consideras las cosas desde su punto de vista, hasta que te metes en su piel y caminas en ella”.

En el ambiente esotérico vemos gente que habla constantemente de compasión, de enviar luz a la humanidad y realizar mantras u oraciones para mejorar el mundo, pero que luego de terminado el discurso esa misma persona realiza actos cuestionables, podemos ver una falta de coherencia, lo interno y lo externo no se condicen, eventualmente sus actos les delatan, ante eso, aparece esta imagen del perfecto abogado, el hombre amante de la justicia que es Atticus Finch que usa el camino de la empatía para ser compasivo y con eso actuar a favor de la justicia.

No les estoy diciendo que todo lo anterior, los mantras u oraciones no tengan valor, pero, un simple acto de empatía verdadera puede dar pie a una compasión efectiva, basada en actos en el mundo material que tengan tanta o más potencia, puede usted hacer mantras por el amor y compasión todo el día u orar por el bienestar del mundo desde la mañana hasta el anochecer en forma continua, pero aún así ese acto tendrá menos poder, menos compasión que “ponerse en la piel de otro y caminar en ella”, que empatizar y actuar en forma coherente, porque si no hay coherencia en el mundo físico, si hoy reza de corazón pero mañana ignora el sufrimiento de otro, entonces no sólo no ha aprendido nada, sino que habrá retrocedido y ni en un millón de años haciendo prácticas espirituales a diario conseguirá nada si no deja que sus actos se guíen por esa empatía y compasión reales.

Autor:
Andrés Villavicencio
Practicante de Magia
senderodelamagia.blogspot.com