Siempre me he preguntado: ¿qué beneficio obtienen realmente algunos Wiccanos al incorporar temáticas cristianas en sus discursos o prácticas? Es tan absurdo como imaginar a un monje budista ofreciendo talleres sobre evangelismo.
Por más que se intente forzar una compatibilidad simbólica o doctrinal, el cristianismo no tiene validez teológica ni espiritual dentro de la mayoría de las religiones paganas o politeístas. Son sistemas de creencias independientes, con fundamentos, cosmovisiones y deidades que, en muchos casos, ni siquiera reconocen la existencia del otro. Pretender fusionarlos no es sincretismo: es confusión. Y en el peor de los casos, es una forma de colonialismo espiritual con disfraz de inclusión mística.
Esto no se trata de ser tradicionalista. Se trata de comprender las reglas del juego dentro de cada doctrina: cada creencia tiene sus estructuras, su lenguaje y sus divinidades particulares. Ninguna reconoce a la otra como legítima, y forzar puentes artificiales entre ellas no enriquece el camino espiritual de nadie—solo crea un pastiche sin raíz ni coherencia.
De pronto, sin previo aviso, Isis, Inanna, Afrodita, Astarté, Venus… y ahora también María Magdalena, se transforman mágicamente en la misma figura. Pero no lo son. Y no existe un solo registro histórico, arqueológico ni litúrgico serio que establezca un nexo real entre ellas.
Diosas asociadas tradicionalmente a Venus:
- Afrodita (Grecia)
- Venus (Roma)
- Inanna (Sumeria)
- Ishtar (Babilonia)
- Astarté (Fenicia)
- Hathor (Egipto)
- Freya (Escandinavia, con matices)
Todas ellas comparten atributos relacionados con la fertilidad, el deseo, la belleza, el arte o el placer. Pero, de María Magdalena no hay ninguna relación ritual ni iniciática con este linaje simbólico. Lo único que se le puede adjudicar es la carga arquetípica que más tarde el arte cristiano (principalmente desde el Renacimiento en adelante) le atribuyó: la figura de la “pecadora redimida” sensual y devota, una reinterpretación pictórica de la mujer espiritual y deseante.
Desde ahí, la Madonna y la Magdalena comenzaron a acumular atributos prestados. La pintura, la escultura y más tarde la literatura romantizaron esa imagen. Pero esto ocurrió en el plano artístico, no en el religioso. No hay liturgias mágicas ancestrales, grimorios ni textos iniciáticos serios que trabajen con María Magdalena como figura operativa en magia ritual antigua.
¿Te lo digo en fácil?
Unos tipos —artistas de la época— tomaban elementos simbólicos de deidades femeninas populares y los enchufaban sobre personajes bíblicos para hacer que sus obras vendieran más. A medida que pasaba el tiempo, actualizaban sus imágenes para que calzaran con las nuevas modas o demandas devocionales. Así lograban perpetuar sus obras y su influencia.
Hoy, siglos después, algunos creen que eso fue un legado esotérico ancestral. No, estimados. Fue marketing artístico del siglo XV.
¿Y cómo es que María Magdalena terminó convertida en best seller dentro del paganismo Wiccano? Simple: grupos reconstructivistas contemporáneos, en su necesidad de validarse y dotarse de una narrativa sólida (aunque inventada), comenzaron a publicar libros que “conectaban” a Magdalena con arquetipos de diosas paganas, sin sustento histórico ni teológico real.
Así nació la fantasía editorial: un collage de Afrodita, Inanna, Astarté, Isis y Venus, convenientemente condensadas en la figura de una Magdalena reinterpretada como “sacerdotisa oculta”, “iniciada perdida” o “deidad femenina proscrita”. Todo muy atractivo para vender talleres, oráculos y cursos online. Pero no por eso cierto.
Asumieron relaciones entre divinidades sin evidencia concreta, y desde ahí comenzaron a construir un puente ficticio, diseñado más para sostener su propia visión del mundo que para honrar los hechos. Mientras no baje María Magdalena de una nube y nos aclare el panorama en persona, bien difícil será saber cuál es la historia verdadera.
Lo que sí está claro es que hay más marketing que mística, más autoficción que gnosis, y que este tipo de sincretismo exprés solo sirve para confundir a quienes realmente buscan una conexión espiritual auténtica.

Firma:
Mario E.C.
El Boticario Mágico®
(CRIN Nº2022-S-105)
Gestor, Diseñador & Autor
